Lolita Bosch se hace querer

Generación Nocilla es un apelativo que nació a mediados del 2007. Este término es acuñado por las periodistas Elena Hervia y Nuria Azancot que quieren identificar una nueva generación de escritores españoles, nacidos en torno al 1970, con un punto de vista revolucionario y marcados por las nuevas tecnologías e Internet. Su punto de partida, Agustín Fernández Mallo y su trilogía de “Nocilla”: Nocilla dream, Nocilla Lab y Nocilla experience. La mayoría reniegan de su nueva denominación y prefieren autollamarse “Afterpops” o postmodernos, pero todos tiene claro que son una nueva generación con una nueva forma  de narrar, fragmentaria.

Según Care Santos, crítica de El Cultura, los miembros de este grupo se caracterizan por un cierto inconformismo e indignación,rebeldía con el mundo literario convencional. Suelen publicar en editoriales minoritarias. Casi todos tiene su propio blog y lo utilizan no sólo como cuaderno de bitácora, sino como campo de experimentación para sus propias obras de ficción. La tradición les interesa para reventarla, y reniegan de la literatura convencional, cada vez más conformista y comercial.

Los miembros de la generación son: Vicente Luis Mora (1970) y Jorge Carrión (1976), ni Eloy Fernández-Porta (1974), Javier Fernández (1970), Milo Krmpotic (1974), Mario Cuenca Sandoval (1975), Lolita Bosch (1978), Javier Calvo (1973), Domenico Chiappe (1970), Gabi Martínez (1971), Álvaro Colomer, Harkaitz Cano , con Juan Francisco Ferre (1962), Germán Sierra (1960) y Fernández Mallo (1965) como hermanos mayores y tutelares.

He decidido centrarme en Lolita Bosch, principalmente porque es una mujer en un mundo claramente masculino y, porqué mi filosofía es intentar siempre dar el protagonismo que se merece a las mujeres, que siempre pasamos a un segundo plano.

Lolita Bosch es una mujer con una vida muy interesante. Nació en Barcelona en 1970 pero ha pasado su vida entre un pueblo de el Empordà (Albons) y México DF. Bosch es una escritora entusiasta y vivida, que tanto escribe literatura adulta y serena como libros infantiles y  juveniles con los que ha cosechado diferentes galardones.

Es licenciada en Filosofía por la Universitat de Barcelona y tiene un diplomado en escritura creativa  de la Sociedad General de Escritores Mexicanos (SOGEM) y un posgrado en letras de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Entre otros premios: en  el 2004 ganó el Òmnium Vultural de Experimentació Literària, en 2006 fue elegida Nuevo Talento FNAC y en 2009 fue finalista del Premi Salambó.

Bosch se enamoró de México en la adolescencia, tras leer la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Y terminó viviendo en el país centroamericano durante diez años.

Quizá porque, como Lolita cuenta, es un lugar que “todavía se sobrecoge ante la imaginación y donde la modernidad ha estado siempre en la mente de sus habitantes. Donde una señora aún puede entrar en un taxi y comentar: ‘¡Hay que ver qué bonito suena el ruido del motor!”.

A Lolita Bosch le apasionan el urbanismo y la arquitectura, que son “una forma de poner la imaginación en práctica”. Por eso los integra en sus relatos.

La escritora, como parte de la Generación Nocilla reniega de la Televisión, afirmando en una entrevista que no tiene en casa y que no le interesa el medio. Los que la conocen dicen que Lolita Bosch se hace querer. Ella y su escritura, una de las más personales, apasionadas y apasionantes del panorama literario español.

Nocilla experience

Cuando en clase hablamos de “Generación Nocilla” no tenía ni idea de que era este movimiento pero me gustó el concepto. En mi cabeza empezó a rondar una posible estética “Nocilla”: ochentera, modernilla, post-cocacola. Nocilla Experience, de Agustín Fernández Mayo a… mi.

Los orcos ya no tocan la trompeta antes de atacar por culpa de la SGAE

Ya sabemos que la SGAE todo lo controla… Y desde que falta Sauron la tierra media ya no es lo que era! Así es como se presenta uno de los miles de grupos de Facebook en contra de la SGAE. Estar en contra de la SGAE ya es un movimiento en si. Como ser rockero, moderno, hippie… es estar en contra de la SGAE.


Siempre había pensado que la SGAE era como una especie de mal reencarnado pero en realidad no sabía muy bien el porqué . Yo sólo pensaba que como todos los jóvenes tenía que odiar esta iniciativa.

Después de ver el programa de Jordi Évole (Salvados) dedicado a esta gran empresa multinacional  confirmé que mi primera impresión, no iba mal encaminada,  empecé a pensar que la SGAE  era un negocio más y, muy lucrativo.  Al buscar información para este artículo tuve la certeza de que en  la SGAE algo huele mal.

La Sociedad General de Autores y Editores es una organización privada española reconocida legalmente como de gestión colectiva que se dedica a la gestión de derechos de autor de sus socios entre los que se encuentran artistas y empresarios del negocio de la cultura. La sociedad gestiona el cobro y la distribución de los derechos de autor y a la vez vela por los intereses de los editores. La SGAE anteriormente pasaba desapercibida más allá del sector en el que ejerce sus funciones pero estos últimos años ha alcanzado mala fama a raíz de la aplicación de nuevos soportes digitales como el “canon compensatorio por copia privada”: una tasa genérica que compensa a los autores por las copias que se realizaran por parte de los usuarios.  Como alegan en su página web su misión es proteger la creación y defender los intereses de sus socios. Es una entidad privada construida  hace cien años!

Explican que como a los creadores les resulta imposible defender y controlar de forma individual el uso de su obra se haga en emisoras de radio, salas de conciertos, cines, discotecas, televisiones, Internet… la entidad se ocupa de que el artista perciba los derechos que le correspondan cada vez que su obra es difundida.

Hasta aquí todo es muy bonito, es normal que los artistas tengan una compensación económica cuando suena una canción suya en la radio o en la televisión  lo que no es normal, por ejemplo, es que un peluquero del Hospitalet tenga que pagar 12 euros mensuales a la SGAE por poner  música en la radio de su peluquería. Como explicaba el propio peluquero al Periódico de Catalunya: “Aquel señor se dedicó a tomar medidas de la peluquería y me advirtió de que no me podía negar a firmar el contrato y a los pocos días recibí una carta certificada de la SGAE en que me amenazaban con acciones legales”

Otro caso escandaloso es el de un concierto benéfico que se hacia para recaudar dinero para Juanma, un niño con una enfermedad neurodegenerativa grave. En el concierto participaban artistas de la talla de David Bisbal. El cantante no cobró nada por la actuación pero la SGAE decidió pedir el 10% de lo recaudado en el concierto. La SGAE se excusó argumentando que era su obligación.

Estos dos serían unos de tantos  de los casos más impactantes que se relacionan a con la SGAE y que le dan mala publicidad para el público en general.  Además de estos casos curiososos,  un día a día de miles de españoles se puede ver gravemente afectado si las iniciativas de Sinde (la Ministra de Cultura) en colaboración con la SGAE acerca del cierre de webs se llevan a término.

Parece que la justicia ha dado la razón a los medios P2P revocando una sentencia contra el servicio de alojamiento de archivos de RapidShare: la compañía había sido demandada por Capelight Pictures y se le había prohibido alojar algunas películas que sus clientes habían subido a la popular página. La decisión del tribunal explicitaba que la compañía no era responsable de los contenidos que subían los usuarios.

Parece que a la ministra Sinde todo se le gira en contra porque hasta economistas contradicen la ley: Según Michele Boldrin y Pablo Vázquez, miembros de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, la normativa antidescargas del Ejecutivo frenará el desarrollo de Internet en España.

Si buscas por Internet SGAE encontrarás la palabra crítica. Y es que todo el mundo está muy quemado con la situación. Como no voy a estar en contra de una entidad que quiere acabar con las descargas gratuitas en Internet. Es como quitarle un caramelo a un niño. No podemos retroceder. Está claro que los creativos tienen que recibir una compensación económica por su obra pero hay otras fórmulas que en ningún caso deberían limitar el uso de Internet ya que eso iría en perjuicio de los usuarios pero también de los creativos que verían limitados la difusión que de sus productos se hace en la red.

Ahora, mientras intento escribir algo razonable, escucho música descargada ilegalmente y me bajo un capítulo de una serie americana por el Megaupload.

Típico tópico

Estoy harta de los tópicos: no creo en su validez, al menos quiero no creer. No quiero saber ni que unos son limpios ni que otros son arrogantes, ni que unos chillan y otros son silenciosos, que si unos comen queso y otros paella… Estoy harta porque no quiero considerarlos como válidos, no quiero basar mis opiniones en un Típico Tópico.

Es curioso que la mayoría de tópicos se refieran a la nacionalidad de las personas: los catalanes somos tacaños, los sevillanos están todo el día bailando y contando chistes, los ingleses son puntuales, los franceses  estirados, los chinos se pasan la vida jugando a juegos informáticos, las suecas están buenas, los alemanes son unos borrachos, y así mil tópicos más. Otros, más peyorativos aún se refieren a la raza: los gitanos son unos vagos y roban, los negros unos pandilleros y también ladrones, los judíos son unos usureros, los árabes unos terroristas…

Pienso que los tópicos nacen del miedo a lo desconocido, de la animadversión a los de fuera o a los que no son como nosotros. Son una necesidad absurda de etiquetar, de definir lo indefinible porque a pesar de la cultura que define un lugar, cada cuál es diferente, único con una personalidad diferente del vecino de al lado.

Las generalizaciones nacen del miedo y aún crean más miedo porque poniéndome catastrofista los tópicos podrían hasta estar relacionados con grandes chacras de la humanidad como el holocausto nazi y el odio racial que hay en el mundo.

Creo que un tópico es la generalización más básica y poco meditada que puede crear cualquiera, sin necesidad de ningún proceso intelectual. En pocas palabras,”cualquier tonto puede crear un tópico”

Creo que la gran mayoría tenemos claro que los tópicos no son más que eso.  Aunque a veces tenemos actos involuntarios y decimos cosas basándonos en ellos. Se acostumbran a usar, básicamente, para hacer chistes, chinchar al prójimo o en las conversaciones triviales. Cuando era pequeña e iba a mi pueblo (situado en la Rioja) recriminaban el hecho de que fuera catalana y yo me mosqueaba sin entender lo que decían. Ahora simplemente me río.

La cuestión es que nos tenemos que tomar con más sentido de humor los tópicos que nos identifican porque cuanta menos importancia les demos menos ciertos serán.

Me da igual que seamos gitanos que payos, da igual si del norte o del sur,

pues la vida es la vida y los hombres son hombres aquí y en la calle Mayor.

Me da igual que seamos negros que blancos, me importa tan poco el color,

pues la vida es la vida y los hombres son hombres aquí y en la calle Mayor. (Revolver)

Palabras, palabras que dicen todo

“Mis papeles”

La historia de “mi palabra” empieza una buena noche. A finales de verano del 2006, fui con mis amigas de toda la vida a la Fira de Teatre de Tàrrega, un fin de semana, a pasarlo bien, ver un poco de espectáculo callejero, ir de fiesta, y en definitiva pasar unos días distintos, en tiendas de campaña y buen rollo.

Una de las noches que íbamos dando  tumbos por el pueblo nos encontramos con una gran fiesta en la plaza mayor, payasos, personas de piernas inmensas, música y gente bailando, igual es producto de mi embriaguez pero recuerdo mucha gente contenta, bailando al ritmo de una música festiva y muchos colores. De repente, me fijé que algunas personas estaban lanzando una especie de confeti blanco al aire. Miré el suelo y me encontré con unos papelitos blancos, distintos al confeti que había visto hasta ahora. Como soy bastante curiosa me agaché hacia el suelo para ver ese intrigante confeti y me encontré con una frase, escrita en el papel ya sucio por las pisadas de los transeúntes:

Sed de luciérnagas,

Piel de linóleo.

No sabía lo que significaba esa máxima pero me quedé abstraída con las palabras, que juntas sonaban como música, no era importante el significado sino el sonido de las palabras al ser pronunciadas. Me produjo la sensación de una mezcla de magia e intriga.

Busqué más papelitos y empecé a encontrar grandes palabras en ellos, aunque ninguna tan bonita y misteriosa como la primera, todas curiosas:

El último poema,

es sin palabras.

Ardo en deseos

le integrarte.

Ahogar palabras, espejos

la desgastada poesía.

Como una loca recolecté todos los que pude, tenía como una necesidad de ir leyendo esas palabras y, aunque muchas veces no entendía su significado sonaban igual de bien a mis oídos. Al final de la noche llegué a la tienda con un buen montón de papelitos escritos. Los guardé cuidadosamente dónde no pudiese perderlos.

Cuatro años después, a menudo releo los pequeños poemas. He regalado alguno a personas importantes y, he buscado muchas veces por Internet el significado de: Sed de luciérnagas, piel de linóleo. Nunca he encontrado nada significativo.

Mi interpretación es esta pero no deja de ser una idea más entre otras: sed de luciérnaga, lo entiendo como sed de luz, de claridad… de buscar y rebuscar entre las profundidades y las tinieblas de este mundo, Piel de linóleo sería para mí el hacerte fuerte, con una piel resistente para afrontar la luz y la claridad que muchas veces no es agradable.

Si sabéis algo no dudéis en contestar.

EL CORAZÓN DE LO EXPERIMENTADO

Sarah Caron confronta imágenes de la vida cotidiana, sonrisas, movimientos, un sentimiento de paz. Interroga íntimamente a la gente que fotografía, escucha sus historias, construye un relato…

Sus imágenes, realizadas en formato medio algunas veces en color, otras en blanco y negro.  Desean mezclar de la mejor manera la memoria y la reconstrucción, el pasado y el presente, la alegría y el sufrimiento, la vida y la muerte. Para mostrar la cruda realidad, sin maquillaje.

Caron empieza a investigar en México, Cuba, Índia…   Sus primeras imágenes de Cuba, en 1994 le permiten ser descubierta y difundida por la revista Gamma aunque en paralelo sigue trabajando de ayudante de un fotógrafo de moda, realizando folletos con el objetivo de refinar su técnica y sobre todo ganarse la vida. De este periodo Caron guarda el recuerdo de las “fotografías del vagabundeo” ella, su cámara y el mundo.

Le pèlerinage de Saint Lazare à Cuba (Sarah Caron)

En torno a 1998 Sarah comienza a indagar el camino del reportaje, con su partida hacia la India, para fotografiar a las Hijras (eunucas prostitutas). En el viaje encuentra a una periodista india que le explica la situación de las viudas en este país, Sarah Caron queda fascinada, volverá allí para explicar el destino de estas mujeres obligadas al exilio. Con este reportaje conseguirá su primera publicación, en Francia, seis páginas en el Express.

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Veuves Blanches en Inde (Sarah Caron)

En el 2000, la carrera de Caron da un gran salto, se integra en la agencia VU, recibe la bolsa de la Fundación Hachette y es seleccionada para participar en el Masterclass du World Press.

Otro de sus grandes reportajes es sobre los inmigrantes clandestinos en España, los jornaleros en las explotaciones agrícolas, personas sujetas a la violencia racista… Son inmigrantes venidos de África Subsahariana. En esta ocasión no sólo hace fotografía, escribe una sinopsis sobre el trayecto de estos jóvenes inmigrantes y recorre todas las redacciones para conseguir su publicación. Desafortunadamente  los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York y la guerra de Afganistán eclipsaran el tema.

Obstinada en la temática el 2001 Caron decide emprender un viaje de dos meses para atravesar el Sahara, de Agadez (Níger) hasta Tamanrasset (Algeria). Vuelve a Francia, sin un centavo en el bolsillo y, torna a recorrer todas las redacciones para publicar su material. La revista Geo publica su reportaje y el Festival de Croniques Nomades, en Honfleur, le concede una beca, que permite a Sarah volver a Melilla, dónde había dejado aparcado su trabajo.

La fotógrafa finalmente logra mostrar la inmigración africana lejos de los clichés miserablistas o susceptibles de dar miedo. Y, homenajear a “estos hombres llenos de coraje y de energía que por el sueño de una vida toman un camino hecho de paciencia y de pruebas” según palabras de la propia Caron.

Odissée Moderne (Sarah Caron)

En 2002, gracias a la Association Française d’Action Artistique (AFAA) Caron viaja a Camboya durante dos meses. Queda fascinada y desconcertada por la tranquilidad de los gestos, el sentimiento de quietud y de seguridad de la población.  A partir de ese momento la fotógrafa empieza a interrogar a las personas encontradas en la ruta, al azar. Queda tan fascinada por Camboya que en 2005 volverá y profundiza entonces las cuestiones siempre presentes en su espíritu, de una forma más próxima a la gente, dejando de lado la aproximación puramente periodística.

Los colores son vivos, los rostros desenfocados, el ritmo angustiante, “estoy aceptando liberarme de ciertas coacciones de la prensa” expresa la fotógrafa, “hacer explotar el encuadre” para llegar a lo esencial. Al corazón de lo experimentado.

Lady Boy du Camboya (Sarah Caron)

Les âmes errantes (Sarah Caron)

Retales de un paisaje urbano

Un día de observación, de calle, mirando a la gente de manera diferente, viendo los espacios como si no los hubiera visto antes, los espacios de siempre pero con diferentes ojos, un día de deriva por las calles…

Bajo en el ascensor, hace un sonido extraño, parece que tiemble todo, va extraordinariamente lento, la entrada está vacía. Una vecina está abriendo la puerta con una barra de pan en la mano saluda, buenas tardes. Delante de la puerta hay la parada del autobús 192, sólo hay una persona esperando el autobús. En la acera de delante hay la escuela de adultos, y el centro de los  Castellers de Barcelona, mirando por la ventana se ven chicos y chicas hablando en el bar de la agrupación. Estoy en la calle Bilbao, justo donde cruza con Aragón y se convierte en la calle Navas de Tolosa. El tiempo es gélido, hace mucho frío, la gente va muy abrigada, llevan abrigos, bufanda, gorras y guantes. Veo a madres con niños y niñas pequeñas que vuelven de la escuela. Los niños chillan contentos, un señor pasea un perro. La calle es amplia, las aceras grandes y por la calzada pasan coches y algún que otro camión.

La calle está en movimiento, pasean niños y niñas, que llevan gorros de colores, también veo un niño patinando. Pasa un joven llamando por un móvil. Pasa mucha gente con bolsas y carros de la compra (probablemente vienen del Mercadona de la esquina). La gente camina lentamente con tranquilidad. Llego a la Gran Vía, es una zona que se ha reformado últimamente, los pisos son muy altos (10 a 12) hay un puente que atraviesa la autopista y a lado y lado hay unos jardincillos, un mini parque con chopos, bancos. Un hombre pasea su perro y la gente camina.

Atravieso la Gran Vía, las nuevas mamparas de colores protegen las casas del ruido. Llego a la escuela “Sant Martí de Provençals”, a mano derecha hay un parque, en él se ven niños y niñas jugando, los padres esperan con cara de resignación y mientras esperan hablan entre ellos, oigo como comentan las novedades de la escuela de sus hijos. Delante Can Juame Andreu y a  la derecha Barcelona Activa (dos antiguas fábricas de la época de la industrialización), también veo unos buzones de correos, solitarios, me planteo si todavía alguien envía sus  cartas por el sistema tradicional. Llego a la parte nueva de la Rambla del Poble Nou, a la derecha dejo el centro comercial Glorias.

La Rambla del Poble Nou es amplia, con aceras grandes y un paseo central por el que se puede pasear. Hoy hay poca gente por la calle. A la derecha está la UOC, curiosa, miro por las ventanas: las luces están encendidas, muchos ordenadores, las oficinas están vacías sólo hay una persona solitaria sentada delante de un ordenador. Siguiendo la calle encuentro la Oficina de l’Habitatge (los dos edificios son antiguas fábricas reconvertidas “gracias” al 22@, desde la calle no se puede observar lo que pasa dentro. ¿Estará vacía o llena de actividad? Por la Rambla pasa gente con bicicleta, la mayoría utiliza el bicing. Llego a la Diagonal, pasa el TRAM y el autobús 7, pisos nuevos, aceras amplias, poco tránsito, alguna moto, taxis. Por el paseo de la Diagonal veo que hay gente haciendo deporte, un hombre corre, algunos van en bicicleta y otros en patines.

Unos turistas, vestidos elegantemente, entran en el hotel Amery Diagonal a mano derecha de la Rambla, veo unos abuelos paseando y más gente en bici y hablando con su móvil. Un poco más adelante, unos perros se buscan y ladran, parecen contentos, sus dueñas les riñen. Hay zonas sin urbanizar, sin pisos que se utilizan de parking.

Llego a la parte antigua de la Rambla, atravieso Pere IV, de pronto aparecen las personas, una pareja de chinos suben por la Rambla, que aquí se vuelve más estrecha, las aceras más pequeñas. Hay una gran mezcla de pisos antiguos y nuevos, muchas tiendas y bares, con sus terrazas recogidas, seguramente por el frío intenso. Hay muchos ancianos con sus nietos. Las personas llevan bolsas y hacen compras. Un basurero recoge papeles del suelo. Pasa una mujer joven con un pañuelo lila en la cabeza, dos chicas chinas hablan animadamente, no entiendo lo que hablan.

Se oyen múltiples voces, muchos idiomas diferentes: oigo hablar en catalán, castellano, chino, árabe, inglés, francés. No se trata de turistas, son personas que viven en el barrio, se nota por la manera de mirar, de caminar. Hace mucho frío. Pasa un grupo de chicas que parece que vuelva del Instituto. Se oye  música en la calle, un hombre está tocando el acordeón “Que tiempo tan feliz”. Nadie se para a escucharlo, pero de tanto en tanto alguien le echa una moneda.

Un paquistaní vende películas, con unos hilos sujeta una sábana, se muestra atento y vigilante.

Llego al Tío Che, uno de los bares más emblemáticos de helados y horchatas de Barcelona, hoy está vacío, en el verano está abarrotado de gente y es imposible encontrar sitio. Delante esta L’Aliança del Poble Nou y en la rotonda de enfrente unos chicos con skater, una señora mayor de los mira con desconfianza pero no dice nada. Pasando la rotonda hay una chica con una bici, se para a hablar con un chico, hablan en inglés. Delante un bingo, dos abuelas entran y un hombre sale. Pasan inmigrantes, parecen cansados, seguramente salen de trabajar, un chico pasea dos perros, una señora con silla de ruedas y unas chicas en la esquina vestidas extravagantemente y con unos tacones altísimos. Unos chicos comen pipas sentados en los bancos de la rotonda, van tirando las cáscaras al suelo, hablan alto y ríen.

Llego al final de la Rambla, cada vez hay menos gente, pasa un coche con la música muy alta (“Moving” de Macaco). Una camioneta está aparcada en medio de la Rambla, bicis y motos. La Rambla se vuelve más estrecha. Unos graffitis pintados en un edificio antiguo. Las calles que cortan la Rambla son más estrechas y las casas más antiguas. A mano derecha hay una residencia de ancianos, no hay nadie sentado en los sofás. Hay gente que corre, vestida con chándal y gorro con la cara tapada con un pañuelo. Un padre está sentado con su hijo en un banco, los separa una pelota, no juegan ni hablan entre ellos, solamente están sentados uno al lado del otro.

Se acaba la Rambla, entro en el parque de la playa, hay muy poca gente, seguramente debido al frío que hace, hay unas pocas personas que corren, alguna pareja solitaria, un perro que corre solo. El parque está desierto, no hay ningún niño jugando, ni jóvenes con sus skaters, solamente perros, muchos perros solos o acompañados de sus amos. Llego a la playa, hay gente haciendo deporte, una pareja de enamorados está en la arena (qué frío). La playa está tan desierta como el parque, pero debajo del muro, sorpresa, hay mucha gente haciendo deporte con unos aparatos que parecen  nuevos. La gente hace bici, pedalea, abdominal, pectoral…

Vuelvo por el mismo camino, atravieso el parque que continua igual de solitario y desierto, oscurece y cada vez hace más frío, tengo las manos heladas de tomar estas notas. Subo por la mano izquierda de la Rambla y entro por una calle pequeña a la derecha un descampado lleno de hierbas, a la izquierda otro descampado con coches aparcados, me llama la atención una furgoneta grande, dentro vive gente, tienen una especie de hornillo, en el que cocinan, se oyen voces y música pero no se ve a nadie. Al lado hay basura. Me llama la atención una casa, en medio de tanta basura y descampados, veo su terraza, sus grandes ventanas, me parece una aparición, es bonita, blanca. Tuerzo a la derecha y llego a unas casas bajas, las calles son estrechas y no hay prácticamente nadie.

Llego a la Plaza Sant Bernat hay una iglesia cerrada, unos niños juegan a fútbol en la plaza, unos padres observan, me encuentro una calle peatonal, Marià Aguiló, les casas son bajas de dos o tres pisos como máximo, balcones de hierro, la calle está llena de vida, de gente, muchas tiendas de barrio pequeñas y abiertas a la calle, personas con bolsas, mucha gente caminando… tiendas de muebles, de marcos, peluquerías, panaderías, un doner kebak, pescaderías, fruterías… vecinos hablando, tenderos hablando entre ellos en las puertas de sus tiendas… parece más un pueblo que una parte de una ciudad, muchas señoras con el  carro de la compra, niños con patinete. La gente habla, pasea sus perros, compra pan, se ven grupos de jóvenes riendo y hablando con voz alta.

Llego a una casa okupa “la Teixidora”, es un casal cultural (hay unas mesitas con libros en la puerta y un cartel invita a las personas del barrio a tomar el té). Delante un grupo de jóvenes con bolsas de deportes comenta un partido.

Llego a Can Felipa, antigua fábrica, convertida en polideportivo y centro cultural, delante a la izquierda dos bares en unos viejos locales de planta baja: la Tasqueta y el Timbal. Se oye música de aerobic desde una ventana de Can Felipa. Subiendo un parque, padres hablando de la escuela comentan cosas de sus hijos. Atravieso Pere IV, aquí los pisos son nuevos. A mi derecha el Hotel Me, enorme, alto y solitario. Llego al parque de bomberos de Barcelona, no hay nadie en la calle, en la puerta una estatua que representa a los bomberos y muchas velas y flores en recuerdo de los bomberos muertos, atravieso la Diagona y vuelvo a subir por Bilbao, las calles están desiertas, descampados y fábricas, tampoco hay coches parece otra ciudad, otro espacio. Hace mucho frío y me vuelvo acasa. Son las nueve y media.